Tegucigalpa
Danli
Comayagua
San Pedro Sula
Entre 1995 y 2000, Honduras ocupó un lugar especial en el inicio de nuestra caminata ministerial. Fue una etapa de formación, servicio y sensibilidad pastoral, donde el llamado de Dios comenzó a ser vivido no solamente como una convicción interior, sino como una misión concreta entre personas, familias y comunidades.
Durante esos años, diferentes ciudades marcaron esta jornada, cada una con sus propios rostros, desafíos y recuerdos. Tegucigalpa, San Pedro Sula, Danlí, Comayagua y La Ceiba forman parte de una historia en la que Dios fue guiando pasos, abriendo caminos y enseñando que la obra ministerial se construye con obediencia, paciencia y amor por las vidas.
Más que un punto geográfico, Honduras representa una etapa de raíces: el tiempo en que muchas convicciones fueron probadas, afirmadas y transformadas en servicio.
Medellin
Barranquilla
En el año 2000, Colombia fue una etapa de paso, aprendizaje y ampliación de la visión ministerial. Aunque fue un período breve, dejó marcas importantes en nuestra caminata, porque cada lugar visitado añadió sensibilidad, memoria y comprensión acerca de la manera en que Dios conduce sus propósitos.
Medellín y Barranquilla representaron dos realidades distintas dentro de una misma nación: una ciudad marcada por montañas, historia y transformación; otra con el calor humano del Caribe colombiano, abierta, viva y llena de movimiento. En ambas, el Señor siguió enseñándonos que la misión se construye también en los caminos, en los encuentros y en las puertas que Él permite abrir.
Colombia permanece en nuestra memoria como una fase de transición, donde el llamado continuó tomando forma y el corazón fue ensanchado para servir más allá de lo conocido.
San Jose
En el año 2000, Costa Rica formó parte de nuestra caminata ministerial durante un período de cuatro meses. Fue una etapa breve en duración, pero significativa en aprendizaje, sensibilidad y dirección.
San José nos recibió como un lugar de transición, servicio y crecimiento. En medio de una ciudad dinámica, rodeada de montañas y marcada por su propia identidad cultural, el Señor siguió enseñándonos que cada etapa, aun cuando parezca corta, puede dejar huellas profundas en el corazón de quienes desean servirle.
Este tiempo en Costa Rica fortaleció nuestra comprensión de la misión como una jornada guiada por Dios paso a paso. Cada lugar, cada encuentro y cada experiencia contribuyeron a formar convicciones, ampliar la visión y preparar el corazón para nuevos caminos.
Costa Rica permanece en nuestra memoria como una fase de obediencia, aprendizaje y propósito.
Ciudad de Mexico
Tijuana
Toluca
Entre los años 2000 y 2003, México ocupó un lugar muy significativo en nuestra trayectoria ministerial. Fue una etapa más extensa, marcada por servicio, aprendizaje, adaptación cultural y crecimiento en la comprensión del llamado.
Ciudad de México nos confrontó con la grandeza de una nación llena de historia, movimiento y diversidad. En medio de una ciudad amplia, intensa y profundamente marcada por su identidad cultural, aprendimos que la misión exige sensibilidad, perseverancia y disposición para servir en contextos muy diferentes.
Tijuana representó una realidad de frontera, tránsito y encuentros. Allí, la vida parecía moverse entre caminos, familias, historias y decisiones. Fue un lugar que nos recordó que la obra de Dios también avanza en territorios de paso, donde muchas personas cargan búsquedas, luchas y esperanzas.
Toluca, con su ambiente más sereno y su identidad propia, añadió a esta etapa una experiencia de cercanía, continuidad y servicio. Cada ciudad contribuyó de manera distinta para fortalecer convicciones, formar carácter y ampliar nuestra visión ministerial.
México permanece en nuestra memoria como una fase de consolidación, entrega y crecimiento, en la que Dios siguió afirmando el llamado y preparando nuevos caminos.
Managua
En el año 2003, Nicaragua fue parte de nuestra caminata ministerial en un tiempo de transición, servicio y obediencia. Aunque fue una etapa breve, Managua dejó una marca especial en nuestra memoria por su gente, su historia y su realidad profundamente humana.
Cada país visitado en aquellos años fue formando en nosotros una comprensión más amplia de la misión. Nicaragua nos recordó que el llamado de Dios también se confirma en los caminos sencillos, en los encuentros inesperados y en los períodos que, aunque parezcan cortos, contribuyen a preparar el corazón para lo que viene después.
San Pedro Sula
Entre los años 2011 y 2013, San Pedro Sula fue parte de una nueva etapa en nuestra caminata ministerial. Después de años de experiencias en diferentes países, regresar a Honduras representó un tiempo de continuidad, madurez y servicio con una visión más amplia del llamado.
San Pedro Sula fue un lugar de trabajo, aprendizaje y entrega. En medio de una ciudad dinámica, desafiante y llena de vida, Dios siguió afirmando convicciones, abriendo puertas y enseñándonos a servir con paciencia, sensibilidad y dependencia de Él.
Honduras permanece en nuestra historia como tierra de raíces, formación y servicio, y San Pedro Sula representa una parte importante de esa memoria ministerial.
Ciudad de Panamá
Entre los años 2014 y 2016, Panamá ocupó un lugar especial en nuestra caminata ministerial. Fue una etapa de llegada, adaptación, servicio y aprendizaje, en la que Dios siguió abriendo caminos y afirmando convicciones en medio de una nueva realidad.
Panamá nos recibió como una nación de movimiento, encuentro y diversidad. En medio de su vida urbana, sus contrastes culturales y su posición estratégica, el Señor fue ampliando nuestra comprensión de la misión y fortaleciendo el deseo de servir con sensibilidad, fidelidad y visión.
Este período representó más que una etapa geográfica. Fue un tiempo de preparación, donde nuevas experiencias comenzaron a conectarse con propósitos que más adelante tomarían mayor forma. Cada puerta abierta, cada relación construida y cada oportunidad de servicio fueron parte de una historia que Dios seguía escribiendo.
Panamá permanece en nuestra trayectoria como una tierra de dirección, transición y propósito, marcada por la fidelidad de Dios en cada paso.
San Juan
Entre los años 2016 y 2017, Puerto Rico fue parte de nuestra caminata ministerial como una etapa de encuentro, servicio y sensibilidad pastoral. En medio de su identidad caribeña, su historia y su calidez humana, vivimos experiencias que añadieron nuevas memorias a nuestra trayectoria.
Cada lugar por donde Dios nos permitió pasar fue ampliando nuestra comprensión de la misión. Puerto Rico representó una etapa de conexión con personas, contextos y realidades que siguieron formando en nosotros una visión más profunda del servicio cristiano.
Ciudad de Panamá
Panamá ocupa hoy un lugar especial en nuestra historia ministerial. Después de años de servicio en diferentes países, caminos recorridos, experiencias vividas y puertas abiertas por Dios, esta nueva etapa representa continuidad, obediencia y propósito. En esta tierra, junto a mi esposa Adriana, seguimos desarrollando el Ministerio Cristiano Casa Shalem con el deseo de servir a personas y familias por medio de la Palabra de Dios, la oración, el cuidado pastoral, el discipulado y la formación espiritual. Nuestro anhelo es que cada vida alcanzada pueda encontrar en Cristo paz para el corazón, dirección para el camino y firmeza para la fe.
Esta fase actual en Panamá mira hacia adelante con esperanza. Creemos que Dios sigue abriendo caminos, reuniendo personas, fortaleciendo familias y formando una comunidad edificada sobre Cristo, con amor, verdad y servicio.
Panamá no es solamente el lugar donde estamos ahora; es una tierra donde seguimos sembrando con fe, sirviendo con humildad y confiando en la fidelidad de Dios para lo que viene.