Una reflexión sobre el cansancio, las prioridades y la mejor parte
Hoy estaba leyendo mi diario y encontré un texto que escribí hace algún tiempo. En aquellas líneas afirmaba que, aunque nuestra vida fuera agitada, llena de preocupaciones y responsabilidades, era imposible no encontrar tiempo para Dios.
Sin embargo, al volver a leerlo, comprendí que hoy ya no pienso exactamente de la misma manera.
Cuando escribí aquellas palabras, no trabajaba fuera de casa. Me dedicaba al cuidado del hogar y de mi familia, pero todavía no conocía el desgaste físico y emocional de regresar a casa después de una larga jornada de trabajo y encontrar muchas otras responsabilidades esperando.
Hoy entiendo que, entre el trabajo, la casa, los hijos, el esposo y tantas otras obligaciones, si no prestamos atención, podemos terminar dejando a Dios en segundo lugar.
Entonces aparecen pensamientos como:
“Mañana oraré.”
“Mañana leeré la Biblia.”
“Dios sabe que hoy no tengo tiempo.”
Yo también pasé por eso.
Sé lo que significa llegar agotada después de un día difícil y, aún así, tener que atender el hogar, cuidar de la familia y resolver todo aquello que no puede esperar. En medio de esa rutina, encontrar un momento para estar con Dios puede parecer cada vez más difícil.
Hasta que comprendí que no podía esperar que el tiempo apareciera. Necesitaba tomar una decisión.
Cuando decidí darle a Dios el primer lugar, algo comenzó a cambiar.
Mi trabajo no cambió. Las responsabilidades de la casa no disminuyeron. Las obligaciones continuaron allí.
La que cambió fui yo.
Cambiaron mis prioridades.
Y el resultado fue sencillo y maravilloso: mi vida se volvió más ligera. Todo seguía igual a mi alrededor, pero mi corazón floreció.
Dedicar tiempo para estar con Dios, hablar con Él en oración y meditar en Su Palabra produjo algo extraordinario dentro de mí. Encontré fuerzas para enfrentar aquello que antes solamente me agotaba. Mi corazón volvió a descansar, aunque mi rutina continuará siendo exigente.
Quizás tú también estás cansada.
Tal vez amas a Dios, pero las responsabilidades han ocupado cada espacio de tu día. Quizás hace tiempo vienes diciendo que mañana comenzarás nuevamente a orar, a leer la Biblia y a cuidar de tu comunión con Él.
Por eso quiero invitarte, querida amiga, a tomar una decisión.
Comienza a darle a Dios el primer lugar dentro de tu rutina. No esperes que todas las obligaciones terminen, porque siempre habrá algo por hacer. Separa un momento, aunque al principio sea breve, y vuelve a cultivar tu relación con Él.
Haz de Su presencia una prioridad.
Estoy segura de que cosecharás los frutos de esa decisión. Puede ser que las circunstancias no cambien inmediatamente, pero tu corazón comenzará a enfrentar cada circunstancia de una manera diferente.
Siempre habrá cosas que reclamen nuestra atención. Sin embargo, nuestra comunión con Dios necesita ocupar el lugar que le corresponde.
Que, en medio de tantas tareas, preocupaciones y responsabilidades, podamos escoger la mejor parte, así como lo hizo María.
“Marta, Marta, estás preocupada y afanada con muchas cosas; pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.”
Lucas 10:41-42
Entre tantas cosas que necesitan ser hechas, vuelve a escoger la mejor parte.
Adriana T. Gomes
De mujer para mujer — Casa Shalem